Thursday, August 10, 2017

En todo el mundo, niños como mi hijo tienen blancos de ataque en sus espaldas



Por Jennifer Christie (Salvar El 1)


En todo el mundo, niños como mi hijo tienen un blanco en sus espaldas. Ellos son el objetivo de un genocidio. Incluso en países como Chile, donde todos los niños no-nacidos han sido protegidos durante muchos años sin discriminación, hay un creciente grupo de personas que cree que niños como mi hijo no deberían existir, que no merecen protección y que deben ser ejecutados por crímenes que no cometieron. Y estas voces de muerte son cada vez más fuertes.

No soy un político, no soy abogado, ni ostento un gran cargo. No, mis credenciales son aún mejores: soy una madre, y no me van a callar.

El blanco de ataque al que me refiero se llama "causal por violación", y probablemente ya hayas oído hablar de esto.  Hay muchas personas que piensan que son pro-vida, pero ceden en esta área. Lo diré: ¡no hay que transigir! No hay uniformes grises en esta guerra.  O estás con nosotros, o estás contra nosotros.  Crees en la inviolabilidad de la vida, o no.

Soy una madre, y seré la voz de los no nacidos.

En Chile, los que luchan por legalizar el aborto gritan al unísono su llamado a las armas: VIOLACIÓN. ¿¿¿VIOLACIÓN??? ¿Realmente tienes la audacia de intentar adueñarte de mi agresión, mi embarazo, de mi NIÑO para calmar tu conciencia colectiva por exigir lo inconcebible - el aborto, por cualquier razón, en cualquier momento durante el embarazo y a expensas del contribuyente?

Tengo una pregunta para los chilenos que dicen tener una gran preocupación por la víctima de violación embarazada hasta el punto de exigir el aborto: ¿Qué has hecho para ayudarnos? ¿Das consejería? ¿Ha ofrecido a víctimas de violación ropa maternal, atención prenatal, artículos para bebés, comida o incluso alojamiento? ¿Has ayudado a facilitar la adopción? ¿Ayudas a asegurar que nosotras y nuestros hijos estemos a salvo? ¿Nos ayudas a obtener justicia? ¿Has abogado por una ley para poner fin a los derechos paternales de los violadores, como lo hemos logrado en el Congreso de Estados Unidos? ¿O es que tu supuesta preocupación por la víctima embarazada por violación comienza y termina con la destrucción de nuestros bebés?

He visto a gente ponerse hábilmente una máscara de hipócrita compasión, suavizan sus voces mientras hablan de la mujer brutalizada, haciendo preguntas tan cargadas como: "¿Cómo podemos forzarla a tener al bebé de un violador?" Y, "¡Qué abuso psicológico saber que el mal crece en su vientre!" Sugieren que sería horrible tener un compañero constante mientras vive con el recordatorio siempre presente en la cara del niño, como si él o ella simplemente fuera una versión chica del atacante.

Y te digo: ¿¡Cómo te atreves!? ¡Cómo te atreves a usarme a mí ya mis hermanas sobrevivientes para justificar el asesinato inconcebible de millones cada año!

Paula Love y su hija

¿Cómo te atreves a hablar por Paula Love, embarazada después de haber sido drogada y violada a los 18 años: "Siempre había una voz en mi cabeza diciéndome que podría hacerme un aborto y que arreglaría todo.  Todos los días agradezco no haber creído en esa mentira.  La verdad es que elegir la vida arregló todo.  Mi hija y los dos nietos increíbles que ella me ha dado arreglaron todo. Convirtieron mi pena en alegría".

Elizabeth Diaz y su hija

Deberías avergonzarte por creer que lees la mente de Elizabeth Díaz Navarro, quien quedó embarazada por la violación que sufrió  mientras asistía a la universidad.  De su hija, dice, "gracias a su nacimiento, soy una persona más completa y una mujer fuerte y feliz.  Ahora sé que el aborto habría empeorado mi situación - sobre todo porque no puedo tener más hijos.  Ella es mi bendición, el aborto nunca es una solución.  Gracias hija mia, ¡haces de mi vida un lugar lleno de amor y esperanza!".

Michelle Olson y su hija

Hablas de lo que no sabes cuando dices que las sobrevivientes de violación embarazadas como Michelle Olson necesitan el aborto como su solución. Michelle explica: "Ella hizo más fácil superar la violación. Tengo una hermosa niñita de lo que me pasó. Ella es dulce, cariñosa y hermosa. Lo que pasé no es nada comparado con la alegría que mi hijita ha traído a mi vida".

El corazón de estas madres no son las excepciones. Son la mayoría – NOSOTRAS somos la mayoría y nuestra red global es de casi 500. ¿No nos apoyarás?

Soy una madre, y ésta es también mi historia. Mi precioso hijo de tres años fue concebido durante el día más oscuro de mi vida. Fue el día que me cambió para siempre:  como ser humano, como mujer y como esposa. Me convertí en otra estadística. Durante la pesadilla de la que no podía despertar, un niño fue concebido. Este niño no tenía nada que ver con el ataque a mi cuerpo o las cicatrices en mi alma. Tenía todo que ver con mi sanación, dándome una razón para tener esperanza. No salvé a mi hijo. Él me salvó a mí.

Jennifer y su hijo

No estoy criando al "bebé del violador". Estoy criando a MI BEBÉ. Él es el amor que derramo en él. Él es el amor del padre que lo está criando y de hermanos que juegan con él y de los abuelos que lo adoran. Él es todas estas cosas y más. Tan único como una huella digital, tiene algo que es sólo él, y él es perfecto.

¿Es un recordatorio?  Lo es. Él es un recordatorio de que, como mujeres, podemos ser más fuertes que nuestras circunstancias.

Es un recordatorio de que la belleza puede provenir de la fealdad.

Y él es un recordatorio de que cómo empezamos no determina cómo terminamos.

Algunos pueden tratar de desestimarme - para descartarnos a todas nosotras.  Dirán que tomamos nuestra decisión. ¡No se trata de decidir! Se trata de la humanidad de nuestros hijos en su estado más vulnerable.

Cuando nos violaron, no pudimos protegernos. Pero a nuestros hijos, podemos y los protegeremos. Trabajaremos para hacer del mundo un lugar más amoroso y acogedor para ellos, donde no serán odiados, demonizados y apuntados.  No nos callaremos mientras estén siendo señalados para ser destruidos y discriminados.

Soy madre. No me callarán.

 BIO: Jennifer Christie es autora  de: “Así actuamos mi marido y yo cuando, tras una brutal violación, quedé embarazada y me aconsejaron abortar”. Se viralizó después de que fue publicado en nuestro blog y en otros sitios. Fue compartido en Facebook más de 1 millón de veces. Escribió una segunda parte: “Brutalmente violada en un viaje de negocios”. Su marido, Jeff, también escribió una historia con su propia perspectiva: “Mi Esposa y yo vimos que ese bebé era algo hermoso que vino de un acto horrible”. La última actualización de su historia – después de que el violador/asesino muriera asesinado es: “Mi hijo nunca fue el ‘bebé del violador’ o el ‘producto de una violación’. Siempre lo consideré mi hijo”. Para más información acerca de Jennifer visita su página en nuestro sitio web.[Savethe1/Jennifer Christie]

Friday, August 4, 2017

Mi hijo nunca fue el “bebé del violador” o el “producto de una violación”. Siempre lo consideré mi hijo.



Jennifer Christie

Técnicamente, podríamos llamarlo “el sentimiento de culpa del superviviente”. No suena muy técnico, pero da en el clavo por su exactitud. Se podría decir, también, “vomita y llora sin parar”, porque eso es lo que sucedió cuando me llamó un agente del FBI y me comunicó que había  una nueva víctima de violación. Me explicó  que la muestra de ADN recogida en el momento de mi violación, tres años antes, coincidía plenamente con la que se halló en el cuerpo de esa desafortunada joven.



La mujer había sido brutalmente violada y golpeada hasta morir. Los recuerdos volvieron a mi mente, a ese momento en que la asistente del hotel me encontró en el rellano de la escalera, inconsciente, golpeada con saña y con apenas ropa que me cubriera. Siempre pensé que su presencia salvó mi vida ya que el violador no pretendía dejarme con vida.

El agente del FBI me dijo que la mujer asesinada también tenía el pelo rojizo, como yo. No estoy segura de si yo debía saber este último detalle, pero en cuanto lo escuché, me sentí poseedora de la llave que abría esa caja de Pandora. Si lo hacía, podía precipitarme  en un mundo de dolor, de preguntas angustiosas: ¿Se habría alguien dirigido a ella como su “Frambuesa”?¿Conviviría con niños que jugarían con ella, acariciando su pelo y pidiéndole que cantara “Part of your world”? Así me piropeaban cariñosamente mis familiares y amigos. Me preguntaba, ahora, si aquella mujer pelirroja asesinada recibía también un trato similar por parte de los que la amaban.

El FBI no había contactado todavía  con nadie de su familia porque era una estudiante extranjera de intercambio en Ohio. ¿Les hablarían de mí? ¿Me odiarían por no haber detenido al violador y por haber sobrevivido a aquella monstruosidad? En aquel momento me odié a mí misma por no haber sido capaz de haberle parado los pies.

Sin embargo, me aferré a esto para consolarme: No había registro de su ADN hasta que me atacó y, ahora, sí había. Eso ya suponía un paso hacia adelante para darle caza. No suficiente, pero ya era algo. Esta nueva perspectiva que emergía en mi mente me ayudaba a superar mi estado de ánimo.

Pero, entonces, encontraron a la siguiente mujer; su tercera pelirroja. Me sentí, de repente, como el personaje de un mísero guión escrito para un serial de televisión.

“Encuéntrenle”, susurré por teléfono. “Deténganle, por favor”.

“Lo encontraremos”. Me aseguraron. No lo hizo la policía aunque, finalmente, aquel criminal ACABÓ apresado.

Contaban con una pista que seguir: Su código genético para poderlo apresar. Sin embargo, el violador era un nativo americano, lo cual suponía  un retraso importante porque la policía local tenía que trabajar al unísono con la policía tribal para encontrar a ese hombre en su reserva. La leyes federales no podían aplicarse en este caso como era costumbre. No consistía en ir y arrestarlo. Era más complicado.

Entonces, recibí la llamada… El violador había sido apuñalado  por un miembro de su propia tribu. Resultó ser el hermano de una chica que había sido ultrajada por este monstruo hacía prácticamente una década cuando la muchacha tenía  sólo 13 años. Incapaz de vivir con aquel estigma y dolor, la joven se había quitado la vida apenas un año después de la brutal agresión.

Durante aquellos diez años, su hermano nunca dejó de clamar justicia. Ojalá pudiera estrechar su mano –no porque apoye la venganza o esté de acuerdo con el hecho de  tomarse la justicia por su mano- sino porque mi familia y yo misma hemos soportado un dolor parecido. Sin embargo, no puedo llegar  a él o a ningún miembro de su entorno. Mi caso se ha cerrado y con ello cualquier conexión con el resto de la historia. He navegado en internet con los escasos detalles que conozco, puesto que el FBI no quiere proporcionarme ningún otro dato al respecto.

Desconozco por completo a qué tribu pertenecía el violador. No tengo idea alguna del grupo tribal con el que mi hijo –concebido cuando fui violada- tiene lazos de sangre. Me pregunto si tendré la posibilidad de averiguarlo algún día. Imagino que es una información que mi hijo querrá saber en un futuro.

Tampoco sé el nombre real de mi agresor. Solamente, el apodo por el que se le conocía  entonces. Desconozco las identidades de las otras víctimas. No sé cuántas mujeres fueron, en total, las que murieron a manos de ese criminal. Tampoco sabré nunca si la muerte de ese hombre habrá llevado paz a las familias de las dos mujeres asesinadas. Jamás conoceré el final de cada historia personal. Sólo conozco el final de este capítulo de la mía.

Respiré profundamente cuando supe que él ya no estaba. Exhalé un suspiro que no imaginaba pudiera estar aprisionado en mi pecho durante tanto tiempo (tres años eran un largo período para aguantar ese respiro). Sentí como un enorme peso se desvanecía en mi pecho y se alejaba de mi alma. El alivio resultó algo mareante; todavía lo es.

Estoy a salvo. Mi hijo también. Nunca tendré que afrontar mi peor pesadilla en un tribunal de justicia y contar cada penoso detalle de lo que sucedió, todo lo que me hizo… detalles que conocí durante las revisiones médicas, cosas que he intentado olvidar.



Y algo igual de importante y que a mucha gente le costará comprender, es que, una vez que el violador ha desaparecido de mi vida y ya no es una amenaza para mí y para los míos, he empezado el proceso de perdón y entiendo que debo perdonar a aquel hombre. Cuando todavía estaba despedazando otras  vidas con total impunidad, justificaba mi odio y enojo contra él. Pero esta actitud me dolía y dañaba mi alma. Creo que Dios nos llama a perdonar por muchas razones y por este motivo nos hace libres para que podamos decidir hacerlo. Y yo quiero ser libre para amar y para perdonar.

Por eso quiero hacerlo. Por mí, por mi familia, por mi Dios. Quiero perdonar.

Pero perdonar no es algo que se haga una vez y te puedas olvidar. No es tan sencillo. Imagino que será algo que deba hacer continuamente, diariamente, probablemente varias veces al día, el resto de mi vida. Y estoy dispuesta. Tengo mucho que aprender a lo largo de este proceso.

Quiero escoger la senda del perdón. Y entiendo que  esta elección será la única cosa  que  convertirá esta historia en una ‘historia de elección’ porque es lo único que, realmente, he podido decidir. Es también la historia de mi hijo, de la vida de mi hijo, una vida que él no había pedido.

Quizá puedan preguntarse, conociendo ahora la profundidad y la amplitud del daño que nos  causó aquel hombre, cómo todo aquello no cambió mis sentimientos de afecto y amor por mi pequeño hijito. No cambiaron en absoluto. Mi hijo nunca fue el “bebé del violador” o el “producto de la violación”. Él es mi hijo. Es el niño de mi marido. Es un Hijo de Dios.



¿Por qué debería soportar mi bebé el odio y maldad que merecía su “padre” biológico? ¿Debía ser condenado a muerte por el modo concreto en que fue concebido? Nos preciamos de ser una gran civilización, sin embargo, marginamos a nuestros seres más vulnerables e inocentes, especialmente cuando su presencia nos incomoda o nos evoca terribles recuerdos.

Mucha gente lee mi historia y me pone como ejemplo de buena persona.  Y lo agradezco, pero yo no soy una buena persona por haber aceptado a mi bebé. Me han llamado ‘increíble’, ‘asombrosa’… ¿Por qué? Reflexionen  un instante. Me siento bendecida y halagada cuando leo un comentario bello sobre mi persona. Es algo reconfortante y  animante pero no perdamos lo esencial: ¿Soy una “mujer increíble” por amar a mi hijo? Madres, a vosotras os digo: ¿No os sentiríais ofendidas si yo os aplaudiera por el hecho de amar a vuestros hijos? Yo no veo que mi bebé sea distinto a los vuestros, tampoco por el origen de su concepción.

Soy una persona con muchas debilidades, nada diferente a la mayoría de los mortales. Quedé embarazada. Tuve un hijo. Eso es lo que realmente importa.



Leí hace poco un comentario debajo de uno de mis artículos que decía con toda naturalidad: “¿Por qué es esto una historia? Exactamente. ¡No debería serlo! En un mundo mejor, no sería. Así que continuaré contándola hasta que deje de ser una historia... 


BIO: Jennifer Christe , está casada y es madre de 5 hijos. Es bloguera pro vida de Salvar El 1

Ha escrito otros dos artículos en los que cuenta su testimonio: Mi marido y yo escogimos la vida. Y También Brutalmente violada en un viaje de negocios.

Su marido también escribió su propio testimonio: Mi esposa y yo vimos este bebé como algo hermoso que salió de algo horrible.

Tuesday, August 1, 2017

Para mí fue más duro lidiar con el aborto que con la violación


Un oscuro día de diciembre de 1997, Mary (no es su verdadero nombre) voló a Inglaterra con una trabajadora social y su madre adoptiva.

Mary (nombre ficticio) y la periodista que la entrevistó

A sus 13 años, sentía náuseas cuando encendió su reproductor de CD y trató de dormir. Y empezó a sonar una canción que se quedó grabada en sus tímpanos y que la recordaría el resto de su vida.

Casi 16 años más tarde, Mary recordó el momento vivamente en su estancia en un hotel de Dublín tarareando las palabras de la canción en un susurro conmovedor.
-’Yo me voy en un avión a reacción..., no sé cuándo regresaré’. Nunca olvidará esas líneas, pero una parte de ella nunca volvió después de eso. No sabía que al día siguiente su vida iba a cambiar para siempre.

Hoy, Mary es madre de dos hijos y tiene 29 años, pero hace 16 años fue la viajera adolescente de la controvertida ‘C Case’, que fue llevada por la Junta de Salud al Reino Unido para abortar después de ser brutalmente violada.
Fue autorizado por el Tribunal Superior en virtud de la sentencia anterior del caso ‘X-Case’ ya que el tribunal dictaminó que era posible que Mary se suicidara.

El aborto provocó una espiral de depresión y caos en su vida.


Pero hoy ha cambiado su vida y ella es una mujer joven, brillante y hermosa de pelo negro reluciente y muy elegante que vive en con su novio y sus dos hijos.

Mientras toma un cappuccino y cuenta lo feliz que es ahora en su vida, visualiza en su móvil   las fotos de su niño y niña y su rostro se ilumina. Navidad, cumpleaños, reuniones familiares... Pero siempre en el fondo de su mente echa de menos a  alguien.

Ahora Mary está esperando respuestas del Estado. Ella ha contratado un equipo legal y  espera acceder a sus expedientes médicos.

En los días posteriores a la violación, unos trabajadores sociales fueron a la casa de Mary en el norte de Dublín y se la llevaron. Creía que volvería a estar en casa en 24 horas pero fue llevada a Mullingar y la dejaron al cuidado de una familia de acogida. Lentamente, los días se convirtieron en semanas y las semanas en meses. En poco tiempo, se dio cuenta de que nadie volvía  a llevarla a casa.

Por aquel entonces, ella empezó a padecer  fuertes dolores y vómitos frecuentes. No tenía ni idea de lo que le pasaba hasta que un día su madre adoptiva la llevó al médico de cabecera local donde se hicieron una prueba de embarazo.

A la mañana siguiente, le dijeron que estaba embarazada. “Estaba desconcertada. Le dije: '¿Qué es estar embarazada?'", Recuerda. "Ellos dijeron: “Tendrás un bebé”. "No entendí cómo podría ser. Unas semanas más tarde, vinieron y me llevaron en un avión a Londres.

"Al día siguiente, me llevaron a un gran  edificio. Todo lo que recuerdo es que yacía en una camilla gritando  de dolor”.

"Ellos me dieron una inyección, y cuando desperté, el dolor había desaparecido y finalmente me dijeron que el bebé estaba muerto".

En los días previos al aborto, sus padres habían emprendido una acción legal contra el Estado en un intento por evitar que se llevaran a su hija a Inglaterra. Un psiquiatra de la Eastern Health Board insistió en que Mary se suicidaría si no abortaba. La pareja, sin embargo, fracasó en su acción y el aborto se realizó.

Hoy, Mary ha empezado sus propias investigaciones legales para averiguar por qué el aborto la dejó tan dañada.

"Yo no había recibido instrucción  sobre  estas cosas. Tenía 13 años y era la mayor de 12 hermanos. Apenas iba a la escuela porque tenía que estar en casa para cuidar a los niños, cocinar y limpiar.

"En la cultura actual, el suicidio y el aborto están completamente asumidos pero en aquel momento ni siquiera se hablaba de ellos”.

"Cuando me llevaron yo era una persona muy tímida. La mayor parte del tiempo, estaba totalmente drogada en una habitación
 .
"Recuerdo que venían con una bandeja de plata y una jeringa y me inyectaban Largactil. También me la ofrecían en un líquido pegajoso color marrón o en forma de tableta. Yo decía que no a ambos.

"Entonces cuatro o cinco empleados entraron, me sostuvieron y me pusieron una inyección en la nalga. Eso fue horrible porque me trajo recuerdos de la violación. Al final,  terminé tomando las tabletas porque no quería que nadie más me sujetara así”.

“Aún sueño con la pequeña niña con cabello rubio corriendo alrededor del campo y pidiéndome que juegue con ella. Ella es mi hija abortada. La llamé Shannon y conseguí su certificado de muerte. Fue mi manera de demostrar que existió”.


Al cumplir 18 años, en 2002, Mary empaquetó sus cosas en su hogar de acogida temporal y lo abandonó para ser libre. Llamó a un taxi y ese fue el inicio de su largo camino  de sanación.

“Mi historia, ‘La chica del Caso-C’, es mencionada una y otra vez en la radio y la TV todo el tiempo como si yo fuera un reclamo para el aborto. La niña del anterior ‘Caso-X’ nunca  llegó a abortar así que, al final, no sabemos cómo éste le hubiese afectado, pero para mí, fue mucho más duro lidiar con el aborto que con la violación”.

“En realidad te golpea verdaderamente una vez que eres madre. Nunca olvidas a tu bebé perdido y se encuentra en tu mente cada día. Cualquier mujer que haya tenido un aborto y luego sea madre lo entenderá.

“No deseaba convertirme en madre a los 13 años pero me doy cuenta ahora de que el bebé no merecía morir. Me hubiera encantado darla en adopción a alguien que verdaderamente deseara tener hijos y pudiera criarla. Ella sería una adolescente ahora y tendría amigos. Incluso aunque no fuera a mí a quien llamara ‘mami’”.