Saturday, January 20, 2018

A los 13 años, mi tío me violó y me dejó embarazada pero el juez consideró que era irrelevante, por JC



Corría el año 2000 cuando mi tío empezó a abusar de mí. Yo tenía 12 años y él 19; estaba casado y tenía un hijo de dos años. Mi madre le permitió alojarse en nuestra casa con su familia e, inexplicablemente, los acomodó en mi dormitorio puesto que mis otras tres hermanas ya compartían habitación. Los tocamientos inapropiados de mi tío se hacían más intensos cuando él y su esposa discutían. Finalmente, ella y su bebé acabaron marchándose de casa. Entonces, mi tío empezó a acosarme por las noches. Yo estaba aterrorizada.

Mi madre y su esposo sospechaban lo que estaba sucediendo pero no se atrevían a denunciarlo por miedo a que, si mi abuelo se enteraba, pudiera matar a alguien.

Mi madre y sus hermanas también habían sido acosadas por mi abuelo cuando todavía eran unas niñas y  cuando él supo que mi madre  lo había contado , se presentó en casa, le apuntó a la cabeza con una pistola y la amenazó con matarla si alguna vez volvía a comentar algo. Así que mi madre me dijo: “A mí también me sucedió y tuve que aguantarme”.

Sé lo que es ser presa del miedo, pero no entiendo como alguien puede permitir que algo tan horroroso pueda suceder a sus hijos sin sentir una pizca de remordimiento. Mi padrastro nunca salió en mi defensa y tampoco lo hará jamás. Es un hombre muy pasivo y la gente fácilmente se aprovecha de él porque nunca se defiende ni tampoco se preocupa por su familia.

Se asumió en la familia que mi tío Lenny frecuentara cada vez más mi habitación para acostarse conmigo. Un día, los servicios sociales se personaron en nuestra casa y denunciaron una llamada recibida según la cual mi madre permitía que un hombre durmiera conmigo. Nos reunieron a mi madre, a mi tío y a mí en la sala de estar, pero yo no pude decir nada. Me quedé muda. Mi madre y mi tío llevaron la conversación y negaron las acusaciones. Nunca le dijeron a la asistenta social que mi tío era el culpable y, al no hallar causa en la que intervenir, cerraron el caso.

Seguramente se preguntarán por qué no dije nada entonces y mi respuesta es: No lo sé. Desearía haberlo hecho, pero en  aquel momento era para mí una forma de vida. Sentía que no tenía opción alguna en lo que me ocurría. ¿Y si hubiera hablado? ¿Qué habría pasado? ¿Me habrían llevado a vivir con alguien más de la familia? Cada uno era más malvado que el anterior.

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Cuando quedé embarazada a los 14 años, mi madre se asustó. Me dijo que no quería problemas por todo aquello, así que nos llevó a Tennessee para que nos casáramos y así, fuera de nuestro estado, nadie podía asociarnos como familia cercana. No sé si él ya estaba divorciado en aquel momento, pero mi madre firmó los papeles de emancipación para no tener ninguna responsabilidad sobre mí. Sin embargo, aquel día tuvimos un choque leve con el automóvil y nunca llegamos al juzgado.

Un par de meses después, ya con 15 años, empecé a sangrar y acudí al doctor. Sufrí un aborto espontáneo. Sorprendentemente, el doctor nunca llamó a servicios sociales y nunca me preguntó  quién era el padre de la criatura. Hoy sé que dar parte de aquella anómala situación era responsabilidad suya. Aquello me habría liberado de todas las pesadillas que iba a sufrir.

Mi madre, entonces,  llevó a toda la familia a Florida, a vivir con el abuelo, pero me dijo que no tenía habitación individual para mí. Así que tuve que compartir dormitorio con mi tío una vez más. Mi familia entendía que yo era responsabilidad suya. Es algo difícil de entender ahora, pero ése era el infierno en el que yo me encontraba viviendo.

Siempre pensé que mi madre pudo haber terminado con aquel abuso, pero mi abuelo no se lo permitió. Imagino que intentaba evitarle cualquier problema a su hijo, aunque sabía que  el tío era un asqueroso.

Poco tiempo después regresé con mi abuelo y mi tío a Alabama, donde quedé embarazada de nuevo, en aquella ocasión con 15 años. Ese hijo concebido en incesto tiene ahora 14 años. A pesar de las horribles circunstancias de su concepción amé a mi bebé desde el primer instante y haría cualquier cosa por protegerlo.

Abandoné el colegio y estudié en casa hasta la secundaria. Aunque obtenía buenas calificaciones, lo odiaba. Era doloroso ver a todos esos niños a los que nada les faltaba, todo les iba bien, mientras yo estaba atrapada en mi infierno, sin ninguna esperanza de salvación.

Mi tío siempre se había comportado mal conmigo: me insultaba, me empujaba y sentía celos furiosos. Pero cuando quedé embarazada se intensificaron los abusos. Llegó a decirme: “Ya tengo un hijo, no quiero otro”. Bien, me decía yo, demasiado tarde. Haberlo pensado mejor cuando se dedicaba a abusar de su sobrina menor de edad. Pienso que su ira nacía de su temor, del miedo a ser apresado y encarcelado. Me había estrangulado hasta casi ahogarme, arrastrado por el cabello, intentado accidentar el coche conmigo dentro y golpearme.

Acudí a mi madre y le supliqué ayuda para librarme de aquel hombre. Me dijo que teníamos un hijo en común y que, si alguien descubría aquel “secreto”, yo iría a la cárcel y perdería la custodia de mis hijos. Me convenció y yo la creí. He guardado este secreto hasta ahora.

Los abusos continuaron hasta que, finalmente, le abandoné. La relación había empeorado con el tiempo. Incluso sus hermanas –mis tías- me golpeaban cuando intentaba marcharme del hogar.

Cuando nació mi hijo lo quise al instante. Le amé incondicionalmente desde el primer momento que le vi pero vivía aterrorizada pensando que el personal del hospital me lo arrebataría si llegaban a conocer mi gran secreto. Recibió mi apellido de soltera. Donde debía constar el nombre del padre en el certificado de nacimiento se anotó un simple “desconocido”, porque la familia dijo que era mejor mantener a Lenny al margen.
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Con 18 años quedé embarazada de mi tío por tercera vez. Por otro lado, veía que mi hijo no estaba bien, pero los médicos no me hacían caso. Después de visitar a diversos doctores y debido  a mi persistencia, mi hijo fue enviado a un hospital infantil donde se le diagnóstico, finalmente,  el Síndrome de Krabbe, una enfermedad en la que los niños heredan de sus progenitores un gen defectuoso. Recuerdo que los médicos nos preguntaron si teníamos algún parentesco, porque aquella enfermedad sólo tenía lugar por motivos de consanguinidad. De nuevo yo estaba aterrada porque mi tío estaba allí conmigo y porque mi madre me había asegurado que si hablaba se quedarían con mi hijo.

El día que recibimos el diagnóstico yo tenía 6 meses de mi cuarto embarazo. Entonces, el médico que me atendía me dijo que no debería tener más hijos con aquel hombre y que considerara abortar a mi bebé. Me quedé estupefacta viendo cómo un médico podía sugerir tal cosa.

Me dijeron que mi hijo solo viviría trece meses y cuando llegó a esa edad tuvo que ser ingresado en el hospital. Eso sucedió un viernes y dos días después yo daba a luz a mi tercer hijo. Firmé el papeleo para salir del hospital y me fui a vivir a una residencia cercana con un bebé y un recién nacido, así podía visitar a mi hijo en la UCI durante las horas previstas.

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Todo el tiempo que mi hijo pasó en el hospital me sentí segura porque mi tío se había quedado en casa, trabajando, yendo de fiestas y manteniendo relaciones sexuales con otras mujeres. Me sentía libre, aunque fuera por poco tiempo. Mi objetivo principal eran mis hijos.

A los 6 meses de su internamiento permitieron que mi hijo marchara a casa, aunque necesitara cuidados. Yo me ocupaba de él y una enfermera me reemplazaba por las noches mientras yo dormía.

Mi tío había bebido siempre, pero en aquel momento empezó a tomar drogas también. Le odiaba. El solo verle me provocaba náuseas en el estómago. Él había robado mi juventud y mi vida.

Mi hijo falleció el 9 de enero de 2008 y cambió todo para mí. Pude distanciarme de mi tío y empecé a trabajar. Esto le irritó sobremanera, porque mientras más independiente era yo, él se ponía más violento conmigo. Así que exigió que nos casáramos ese mismo mes, el 22 de enero. Yo sabía que aquella relación estaba condenada al fracaso y que, tarde o temprano, encontraría una salida. De todos modos, acepté para mantener la situación en calma.

Una noche vi con claridad que no podía resistir más aquella situación. Esa misma mañana mi tío me había amenazado con más insistencia, si cabe, y yo me escondí. Entonces, desconectó la electricidad y oí como accionaba el percutor de su pistola. Había pasado toda mi vida procurando escapar de él, pero ahora sabía que si no lo hacía pronto me haría daño, incluso matarme.

Me levanté una mañana para ir al trabajo, justo después de él. Cargué mi coche con lo necesario y me fui. Nunca regresé.

Pedí el divorcio aquel mismo año, pero mi tío rehusó colaborar y después él mismo pidió el divorcio. Después de reunir el coraje necesario para dejarle, vi como mi familia me abandonaba y al año me encontré sin hogar. Sin dinero para contratar a un abogado y con un sentimiento de vergüenza por tener que contar al juez todo lo relativo a la violación e incesto. Mi tío se quedó con la custodia de mis hijos durante dos años y no me permitía verlos más que cada 6 meses.

Sin embargo, hice todo lo posible para rehacerme. Me casé con un hombre maravilloso y obtuvimos la custodia de mis hijos en el año 2012. Yo continuaba sintiendo vergüenza por todo lo acontecido; de hecho, no era capaz de contárselo a mi esposo. Se enteró un par de años después y se enojó conmigo porque se lo había ocultado. Le dije que me atemorizaba la idea de verme separada de mis hijos. Lo comprendió y me apoyó, diciéndome que yo no tenía culpa alguna y que, en todo caso, era la víctima de aquel cruel ultraje. Aquella era la primera vez que me sentía con fuerzas para abrir mi corazón de par en par y contar mis sentimientos porque sabía que él me amaba y se preocupaba de mí. Aquello me dio fuerzas para luchar con más empeño por mis hijos.

Con el apoyo de mi marido denuncié la violación y el incesto ante las autoridades en 2015. El sheriff del condado presentó cargos contra mi tío porque este tipo de delitos no prescriben y el caso fue llevado ante un gran jurado. Lamentablemente, la sentencia determinó que mi tío no era culpable porque no se halló evidencia suficiente para condenarle.

En la oficina del sheriff me dijeron que estos casos son comunes, a pesar de que la gente cree que no pasan y dijo que la mayoría de las veces no se hace nada con los violadores porque, o ha pasado mucho tiempo o no hay suficiente espacio en las cárceles para todos ellos.  Me dijeron que como no había riesgo inmediato de que me violara, lo más probable era que él saldría libre de polvo y paja por todo lo que me hizo y así fue.

Estos últimos años he luchado en los tribunales para evitar los derechos parentales de mi tío. Durante todo este tiempo ha gozado de una orden judicial que le ha permitido un régimen de visitas sin ningún tipo de supervisión. Finalmente, he decidido romper mi silencio y mostrar delante del juez la realidad de la violación y del incesto porque mi tío pretendía ver a mis hijos en las fiestas de fin de año.

En diciembre de 2017, el juez sacó mi testimonio del registro del juzgado y me dijo que no se me estaba permitido mencionar la violación o el incesto.  Yo le insistía:¡“Esto no es el pasado ¡ese hombre es mi tío!”. Pero el juez dijo que eso era irrelevante y le dio a mi violador tres días de visitas sin supervisión durante las Navidades.

Estoy aterrorizada. Tuve que prescindir de mi abogado porque no quería que dijera ante el juez que mis hijos habían sido concebidos en incesto, que aquello no lo tendrían en cuenta. Estoy devastada al ver que tenía toda la razón.

Sin embargo, todavía no he dicho mi última palabra.

No me han escuchado, pero ya no van a silenciarme más. Y quiero animar a muchas otras mujeres a hacer, también, lo mismo. Quiero luchar para que existan leyes que terminen con los derechos parentales de los violadores. Ninguno de estos criminales debería tenerlos y, mucho menos, los que han abusado de una menor.

El 20 de diciembre de 2017 regresé al despacho del sheriff con más valor y fortaleza que nunca. Me enviaron, entonces, a la oficina del fiscal del distrito quien me dijo que con la evidencia que el ADN arrojaría sobre el hecho que aquel hombre era mi tío, así como la prueba de que mis embarazos tuvieron lugar con 14 y 15 años, no debería haber impedimento alguno para poder enjuiciarlo por delitos de violación e incesto.

Mi hijo falleció, también mi primer bebé que no llegó a nacer, por culpa de este hombre y yo debo vivir con este dolor el resto de mi vida. Mi tío hizo mucho más que abusar de mí: se llevó la vida de mis hijos. Causó ambas muertes por condicionamientos genéticos que no hacían factible la vida de aquellos bebés. Debería ser acusado no sólo de violación, sino también por ser el responsable directo de la muerte de aquellas inocentes criaturas.

Yo era una niña tímida que no se atrevía a levantar la mano para hablar en clase, pero ahora soy una mujer hecha y derecha, determinada a conseguir lo que me proponga. Uno de mis lemas favoritos dice: “El dolor que experimentas ahora es la fortaleza que sentirás mañana”. A cualquiera que haya experimentado un abuso le digo: No dejes que el pasado te defina y te impida tomar las decisiones correctas.

Me enojé con Dios cuando descubrí que mi bebé se estaba muriendo. De hecho, grité: “Después de todo este horror por el que he tenido que pasar, ¿ahora me quitas también a mi hijo?”. No lo entendí, pero ahora lo veo con total claridad y no dejaré que la muerte de mi hijo haya sido en vano. Vengaré su muerte protegiendo a mis hijos y ayudando a otras chicas que pasen por semejante situación.

A ti te pregunto, ¿qué vas a hacer para defender a esas víctimas? No me hables de abortar, porque los bebés no tienen culpa alguna. Cada niño tiene un propósito. Ayuda a las madres víctimas de una violación para que puedan ser protegidas de sus violadores.


BIO: J.C. está casada y es madre de 5 hijos y de momento prefiere permanecer en el anonimato.


RebeccaKiessling, es presidenta de Salvar El1. Es también abogado y ha representado algún caso semejante en Michigan. Está buscando apoyo legal en las redes sociales para JC. Si alguien puede colaborar en esta causa, por favor contacten con salvar el 1 o save the 1.



Saturday, January 13, 2018

Fue objeto de maltrato y abusos sexuales desde el día de su boda y concibió un hijo tras la violación de su propio marido, por Grace Macaskill


La radiante felicidad de la novia, Charlotte Walford, parecía completa cuando su esposo le ponía un anillo en el dedo y juraba que la amaría para siempre.

Charlotte y su marido maltratador

Pero a las pocas horas de la ceremonia, emergió la verdadera naturaleza de Spencer Walford.

En la celebración de la boda, él la acusó de estar borracha. La sacó del pub arrastrándola por el pelo y le pegó una paliza.

Fue el comienzo de una aterradora etapa de abuso.

Charlotte se había casado con un monstruo violento y controlador que la golpearía y la violaría incluso mientras dormía. Al final, fue condenado a 14 años de cárcel por agredir sexualmente a Charlotte y golpearla hasta dejarla llena de moratones.

Ahora sufre Síndrome de estrés postraumático, pero ha encontrado el amor otra vez y ha aprendido a detectar hombres abusivos.

Tras su experiencia, ella pide que las muchachas adolescentes reciban clases similares en la escuela para evitar relaciones destructivas.

Charlotte, quien había luchado contra el cáncer antes de conocer a Walford, declara: "Incluso hoy día hay un estigma en torno a las mujeres que denuncian a sus maridos. No quisiera que nadie pase por el infierno por el que he pasado yo. Las mujeres son retratadas como objetos sexuales a través de videos musicales y la pornografía. Necesitamos enseñar a los jóvenes la diferencia entre las relaciones saludables y no saludables. El hombre con el que elegí casarme me llevó al abismo, pero quiero que otras chicas sepan que hay ayuda y que no están solas".

Charlotte es una de las cientos de mujeres que forman parte del Programa Freedom que tiene como objetivo lograr que las víctimas de violencia doméstica identifiquen los patrones de comportamiento de los abusadores.

El curso fue creado por la ex oficial a cargo de Libertad Condicional, Pat Craven.  Ella pidió a hombres violentos, incluso a violadores y asesinos, que escribieran una carta a mujeres para advertirles sobre los comportamientos que deben tener en cuenta con un nuevo novio.

Posteriormente, incluyó la información en el curso.  Lo usa la policía, el sistema de Justicia Penal, los servicios sociales y los refugios para mujeres en todo el Reino Unido.

Los tipos específicos de abusadores han sido etiquetados como: el Manipulador, que usa estrategias psicológicas, y el Persuasor, que usa amenazas y coerción. El Carcelero aísla a sus parejas de sus familiares y amigos, el Bully grita e intimida.

El curso, con el eslogan “El conocimiento es poder”, también ayuda a las mujeres a detectar las características de los hombres buenos, aquellos que les darán apoyo y aliento. Walford aisló a Charlotte de su familia y amigos al obligarla a mudarse de casa tres veces en su matrimonio que duró cuatro años.

La única pausa que tuvo en su terrorífico régimen fue cuando quedó embarazada de su hijo Douglass.
Fue concebido durante una violación, dice ella.  A las dos semanas del nacimiento, Walford comenzó a ponerse furioso y a golpear a Charlotte por la más mínima cosa: "Desde una marca en la pared a juguetes que quedaban en el jardín. Ni siquiera estaba segura cuando estábamos durmiendo. Me despertaba golpeándome o me lo encontraba encima de mí teniendo sexo".


La primera vez, la arrastró del dormitorio a la habitación de enfrente y luego dijo que se había desmayado y no sabía qué había pasado.

"Sentí que no había escapatoria. Incluso cuando estaba durmiendo. Me aterrorizaba hacer algo que lo enojara. Él hacía una marca en una pared o dejaba un centavo tirado en algún lado para ver si yo lo limpiaba. Si no lo hacía, me abofeteaba o me golpeaba".

Charlotte cree que habría podido escapar de ese matrimonio destructivo antes si hubiera sido instruida sobre qué buscar en una relación sana.  "Hubiera advertido los primeros  signos y habría sabido que era malo que él me aislara de todos, me manipulara y redujera mi autoestima".

Ahora está criando a Douglass y a su otro hijo Alfie, de nueve años, de una relación anterior, "enseñándoles que es un error ser irrespetuoso o levantar la mano a cualquier persona, hombre o mujer".

Ella ha explicado  que el Programa Freedom la ayudó a identificar las cualidades de una pareja ideal cuando conoció a su nuevo novio Jamie, con quien ha estado saliendo durante un año.

Es comprensible que fuera cautelosa cuando conoció a Jamie: "Me hizo sentir especial y segura, y ‘segura’ es como se supone que te tienes que sentir con la persona adecuada".  Muy distinto de las vivencias en el día de su  boda con Waldorf en 2012. Y es que, después de un romance relámpago, se casaron por el civil.

Luego vino el impactante incidente cuando estaban con dos amigos y un vecino en un pub y Walford se puso como loco y la sacó del bar por el pelo.


"Pensé que había sido encantador hasta entonces y, de repente, me estaba gritando en la cara que no podríamos consumar nuestro matrimonio porque yo estaba borracha. Pero no era cierto. Nuestros invitados lo vieron abofetearme y no podían creerlo. El dueño del pub le prohibió regresar, pero a él no pareció importarle".

Charlotte contó que sus amigos y familiares estaban al tanto del abuso y algunos trataron de intervenir, pero muchos no la apoyaron. Una vez Walford le puso un ojo morado y les dijo a las enfermeras del hospital que había sido golpeada en una discoteca.

Ella tenía miedo de decir la verdad, temiendo su reacción violenta. Y temía que, si lo denunciaba a la policía, los servicios sociales se llevarían a sus hijos.

A sus amigos y padres no les gustaba Walford pero ella estaba más enamorada de la idea de casarse y tener una familia que de Spencer.

La agredió en público, le mordió la oreja en un pub y la empujaba por las escaleras de su casa, contusionando sus costillas.

"Las violaciones y las agresiones sexuales fueron las peores", dijo Charlotte, al borde de las lágrimas.
"El hecho de que mi hijo Douglass fuera concebido en violación me enfermaba y no quería apegarme a él. Pero ahora lo amo y él me dio la fuerza para seguir adelante a pesar de todo ".

Cuatro veces, durante los ataques de Walford, los amigos de Charlotte llamaron a la policía, pero ella estaba demasiado asustada para presentar cargos. El punto de inflexión llegó en julio de 2015.

"Estaba colgando la ropa recién lavada cuando noté que los brazos de mi chaqueta habían sido cortados.  Él dijo que los uso para limpiarse el trasero porque no había papel higiénico. Después de todo lo que había soportado, fue la cosa que me hizo reaccionar ".

En diciembre de 2015, en el tribunal de Northampton, Walford se declaró culpable de dos cargos de violación, dos ataques comunes y un asalto con resultado de daños corporales. Fue condenado a 14 años, nueve en prisión y un período de licencia extendida de cinco años. Charlotte afirma que el Programa Freedom la ayudó a reconstruir su vida: "No podemos dar por supuesto que las mujeres jóvenes saben qué es correcto en una relación. Necesitan que las ayudemos a detectar el perfil de un posible abusador. Podría salvar a muchas de mis sufrimientos".


Texto traducido de Daily Mirror

Saturday, January 6, 2018

Tengo miedo de ver cómo están asesinando a los niños malteses



Rebecca Kiessling, Presidenta de Salvar El1

(Escrito como respuesta al artículo pro aborto: “¿A qué tienes miedo?”).

Artículo publicado originalmente en Times of Malta


Por supuesto, y con razón:  Los niños de Malta se encuentran en el punto de mira.  La mal llamada “Fundación de los Derechos de la Mujer”, WRF, (por sus siglas en inglés) tiene en su punto de mira a los bebés malteses que están en el útero y se encuentra a la espera de la oportunidad de utilizar sus armas letales contra de ellos.  Pero no solamente se encuentra al acecho, también están conspirando en contra del activo más importante de Malta:  los niños.

La estrategia de este plan es cometer violencia dentro de los cuerpos de las mujeres embarazadas en nombre de los “derechos de las mujeres”. Ésta no podría ser más hipócrita.

Dimitrijevic y Dibben de la “Fundación de los Derechos de la Mujer” (WRF) desean manipular a los niños de Malta ya desde la escuela e iniciar “una discusión” sobre sus objetivos finales y queda claro en su reciente artículo: “¿A qué temes?”.

Ellos desean promover una estrategia de genocidio con los niños empezando ya en las escuelas y tienen la astucia de hacer dicha pregunta. De la misma manera que el Lobo se  la hizo a Caperucita Roja.

Hay mucho que temer…

Hoy día, Malta es una nación moralmente superior porque la violencia no se emplea como solución.  Al contrario, Malta ofrece servicios de salud que realmente curan, no matan, y doctores con una gran profesionalidad que hacen  honor a su Juramento Hipocrático de “No Dañar”.




En una sociedad civilizada, matar no es moralmente aceptable como una solución al sufrimiento, pero el aborto defiende la base de su plan letal en términos de “salud reproductiva”, “Decisiones Difíciles” y “Tratamiento Prescrito” como formas de terminar el sufrimiento.

“YO NO MEREZCO LA PENA DE MUERTE POR LOS CRÍMENES DE MI PADRE BIOLÓGICO”.

Si estás embarazada, luego te has reproducido y premeditadamente sacrificas la vida de un ser humano, eso no es “tratamiento”. Josef Mengele, quien experimentaba con niños judíos como “tratamiento”, estaría orgulloso de escuchar cómo emplean este término—así como en Islandia, donde recientemente celebraron que casi han erradicado el Síndrome de Down.  ¿Erradicado? Es el mismo término usado por los nazis. 

Una Cultura de muerte empieza con el engaño, con frases y terminología que, de hecho, se camuflan a sí mismas, inicialmente ocultando sus intenciones reales.  Y luego, antes de que te des cuenta, tienes grandes grupos generacionales desaparecidos porque convertiste a tu tierra en un campo de muerte de tu propia carne y sangre, con el sacrificio fácil de los más vulnerables e inocentes.

El mismo artículo de la “Fundación de Los Derechos de la Mujer” (WRF) también hace énfasis en la falta de excepciones en caso de violación e incesto en la ley de Malta.  Yo fui concebida en violación.  Mi madre biológica trato de matarme en dos clínicas ilegales de aborto y está claro, lo hubiera logrado si hubiesen sido legales.

Le debo mi vida a la ley que me protegió, así como las mujeres y los niños de Malta se encuentran protegidos hoy.  Y ahora, mi madre biológica está feliz de que ambas nos salvásemos del horror del aborto.

Yo no merecía la pena de muerte por los crímenes de mi padre biológico.  Yo no veo que la “Fundación de los Derechos de la Mujer” (WRF) abogue por la pena de muerte para los violadores; solamente para el niño inocente.  Es una barbarie castigar a un bebé por los crímenes de otra persona.  A violadores, acosadores, traficantes de blancas (traficantes de sexo) les encanta el aborto.  Les protege y permite continuar con su explotación.

La “Fundación de Los Derechos de la Mujer” (WRF) dice que se preocupa por su propio género. Pues yo soy una mujer y ellos desean que estuviera muerta.  No siento el amor por ningún lado.

Además, el aborto está siendo propuesto en nombre de los derechos de las mujeres, pero, en todo el mundo, las mujeres están perdiendo sus voces, porque son principalmente las mujeres quienes están siendo sacrificadas.

Te invito a que veas la película “Las Tres Palabras más Mortales en el mundo” (The Three Deadliest Words in the World): “Es una niña” (www.itsagirlmovie.com).  El ‘generocidio’ masivo del que estamos siendo testigos en Asia y que se está desplazando a gran parte del resto del mundo, ha provocado un aumento en el tráfico de sexo, secuestro de niñas, disminución de la educación para las mujeres y poca representatividad de mujeres en el ámbito político.

Las mujeres son coaccionadas y abocadas no solamente al aborto, también a “escoger” abortar a sus niñas, llevando sufrimiento a su propio género.

Pero la “Fundación de Los Derechos de las Mujeres” (WRF) quiere que se piense que los pro vida somos los que estamos ciegos a las peticiones de las mujeres.  Ser pro-mujer es ser pro-vida.


Por favor, suplicamos a las buenas personas de Malta que no permitan que las voces de la muerte ganen.   No dejen que la sangre de los niños inocentes de Malta se derrame sobre su país.

Para leer el artículo original en inglés:

https://www.timesofmalta.com/mobile/articles/view/20171219/opinion/Afraid-of-Maltese-babies-being-killed-Rebecca-Kiessling.666018

Saturday, December 30, 2017

Lo amo. Él no sabe nada (sobre la violación de su madre) y es un regalo y una bendición de Dios.



Una sobreviviente de violación de 12 años en Sudáfrica rechazó valientemente el aborto después de ser presuntamente violada por su abuelo en 2014.


Independent Media publicó recientemente la historia de la joven para crear conciencia sobre la violencia cometida contra mujeres y niñas.

Nombuso (no es su nombre real), de Diepkloof, Soweto en Sudáfrica, fue atacada mientras estaba a cargo de su abuelo. Según el reportaje, su padre los había abandonado y su madre, Busisiwe, estaba en el hospital recuperándose de un accidente automovilístico.

Busisiwe relató que volvió a casa del hospital para descubrir que su hija estaba embarazada de ocho meses.

"Mi hija es delgada y cuando su barriga comenzó a mostrarse, ya estaba embarazada de ocho meses. Recuerdo el día en que me enteré", recordó Busisiwe. "Estaba sirviendo comida un domingo y vi su barriguita grande. Le pregunté si estaba embarazada y ella dijo que sí.

"Pregunté quién la había embarazado y ella dijo que su abuelo. Dijo que se había acostado con ella en varias ocasiones", continuó.

El abuelo fue arrestado y está en la cárcel por cargos de agresión sexual, según el artículo. Está previsto que comparezca ante los Tribunales de primera instancia de Protea el próximo mes.

Busisiwe y su hija eligieron la vida para el bebé, un niño que nació el 16 de julio de 2015. Él trajo alegría a las vidas de ambas.

"Lo amo. Él no sabe nada (sobre la violación de su madre) y es un regalo y una bendición de Dios", dijo.

Más sobre el reportaje:

Reflexionando sobre el momento en que tomó la decisión de quedarse con su nieto de 2 años, Busisiwe dijo que no fue difícil.

"Después de poner al descubierto que su abuelo la había violado, la llevé a la clínica para asegurarme de que ella y el bebé estuvieran perfectamente bien. Luego denuncié el asunto a la policía. Los médicos me preguntaron qué quería hacer con el bebé. Les dije que quería que mi hija se lo quedara. Mi hija entiende lo que le sucedió y que su hijo nació de una violación. No podemos cambiar eso. He visto la forma en que lo mira. Ellos tienen un vínculo especial. La terapia también la ayudó a aceptar a su hijo".
Dijo que su 
nieto, quien actualmente vive en un lugar seguro, era inocente.

Algún día, Busisiwe  le contará a su nieto cómo fue concebido, pero en este momento, sólo quiere que sepa que es amado.

"Cuando tenga edad suficiente para entender cómo fue concebido, pediré ayuda a trabajadores sociales y psicólogos para que se lo podamos contar", continuó. "... Lo único que quiero que sepa es que lo amamos y haber nacido fruto de una violación no cambia nada".

El valor de un bebé no depende de cómo fue concebido. La violación es un crimen terrible de violencia cometido contra una mujer o niña, pero un aborto no borra la violencia, ni cura el dolor. Simplemente, acaba con la vida de una segunda víctima del crimen.

Una investigación del Instituto Elliot descubrió que entre el 75 y el 85 % de las víctimas de violación embarazadas no  abortan. De las que sí lo hicieron, muchas se sintieron presionadas o forzadas a abortar a sus bebés no nacidos. Y en muchos casos, las mujeres que  abortaron se sintieron victimizadas nuevamente por el aborto.

Para la mayoría, como en el caso de esta familia sudafricana, que eligen la vida, es una decisión de la que nunca se arrepienten. Muchas mujeres dicen que su hijo es una bendición, a pesar de las terribles circunstancias en las que fueron concebidos.

Traducido de Lifenews

Saturday, December 23, 2017

Cuando miro a mi hijo nunca le veo como el fruto de una violación.




Alisha Weiler

Creo que estoy preparada para contar mi historia: cómo quedé embarazada por una violación. Pienso que cuantas más contemos lo que nos pasó más conseguiremos que nos escuchen. Esto resulta muy duro para mí, pero en algún momento hay que dar la cara.

Alisha y su hijo recién nacido

Cuando tenía 18 años acudí a una cita a ciegas con mi mejor amiga y su novio. Ella estaba embarazada. Se suponía que debíamos encontrarnos en la bolera, pero el vehículo del chico con el que debía citarme no arrancó y quedé con él en el bar de su padre adoptivo. Ahí bebimos bastante: mi amiga no lo hizo, pues estaba embarazada, pero sí su novio, el chico a quien acababa de conocer y yo misma. Nunca antes había bebido de aquel modo, era bastante ingenua en este sentido. Aquel muchacho siguió sirviéndonos alcohol. Yo estaba por debajo de la edad legal que permite beber, pero no hice caso alguno.

Acabé sintiéndome fatal, vomitando en el suelo del baño. Recuerdo que alguien me llevó hasta el vehículo del novio de mi amiga y me dormí. Me desperté en el apartamento del muchacho con el que había acordado la cita a ciegas. Había solo un sofá y nada de luces. Me pareció muy raro. Aquel chico me colocó en el suelo de la habitación y yo me dormí de nuevo. Me desperté más tarde, desnuda y dolorida, con él encima de mí. Estaba absolutamente aturdida, pero aun así comprendí lo que estaba sucediendo y le dije que parase. Intenté echarle a un lado, pero era más fuerte que yo y no pude. Empecé a chillar. No entendía por qué me habían dejado ahí sola y tampoco que nadie me oyera gritar.

Después de violarme abandonó la habitación y me dejó allí, sola. Me puse unos pantalones que encontré en el apartamento. Me senté, las rodillas tocando mi pecho, cabeza gacha entre mis manos, balanceándome adelante y atrás, llorando y confusa. Después de unos minutos, él regresó e intentó violarme de nuevo. Agarró mis brazos y trató de forzarme, pero yo luché con renovadas fuerzas. Se puso histérico y se marchó, dando un terrible portazo.

Me incorporé rápidamente, abrí la puerta y grité con todas fuerzas, esperando que alguien me oyera. Temía que aquel hombre regresara. Entonces, descubrí que mi amiga estaba en la habitación contigua. Le conté lo que me había pasado y me dijo que también la había intentado violar a ella. Estaba hundida porque su novio y aquel muchacho lo habían planeado todo. Afortunadamente, a ella no la consiguió violar, pero en la lucha por intentarlo la maltrató de tal modo que acabó perdiendo el bebé que llevaba en su vientre.

Su novio no estaba en la habitación en esos momentos así que nos hicimos compañía durante un rato. Poco después, su novio apareció y decidió llevarnos a casa.

Nos dejó cerca de la casa de mi amiga; tuvimos que caminar un pequeño trecho. El novio de mi amiga me dijo que el muchacho que me violó sentía mucho lo que me había hecho.

A la mañana siguiente mi amiga se dio cuenta de que había perdido el bebé que esperaba. Yo sentía una enorme vergüenza por lo sucedido y no me atrevía a contar a mis padres y a nadie que había sido violada.

Ocho semanas después me di cuenta de que estaba embarazada. Cuando los médicos y enfermeras supieron que había sido por una violación intentaron convencerme de que lo mejor para mí era que abortara el bebé o lo diera en adopción. ¡No me lo podía creer! Estaba traumatizada y querían que lo estuviera todavía más. ¿Más violencia? ¿Más dolor? ¿Por qué iba yo querer matar a una inocente criatura? ¿Por qué Dios iba a concederme ese regalo y yo negarme a recibirlo y arrancarlo de mi vientre como si fuera basura? ¡Mi bebé era un ser humano y merecía vivir!

Mis padres supieron de mi violación y embarazo cuando me oyeron hablar por teléfono con una amiga mía. Se entristecieron porque en aquellos dos meses no les había contado nada, pero me dieron todo su apoyo y comprensión, para mí y para el bebé que esperaba. Me habían educado en el respeto a la vida y yo sabía que no estaba bien matar a esa inocente vida que crecía en mi interior.

Cuando mis padres tuvieron noticia de la violación procedieron a denunciar el crimen cometido. También mi amiga emprendió acciones legales por el intento de violación sufrido y la pérdida de su bebé. Ambas conseguimos órdenes de alejamiento de nuestro agresor. Todo aquello había sucedido en Florida. Luego, con mis padres, nos trasladamos a Texas cuando mi hijo cumplió cuatro meses; sin embargo, el ritmo de la justicia se iba desarrollando muy lentamente.

Mi mayor preocupación era lograr que el agresor no tuviera derechos algunos sobre mi hijo. Pero, en aquel momento, la ley de Florida no nos protegía ni a mí ni a mi bebé. Con todo, poco tiempo antes se había propuesto en aquel estado la ley sobre la custodia de los hijos de los supervivientes de una violación, para terminar con los derechos paternos de los violadores. Así que, para conseguir la protección esperada, conseguí un acuerdo con su abogado por el cual mi agresor renunciaba a sus derechos como padres siempre que yo levantara cargos contra él.

Me sentí culpable de no continuar con la acusación porque pensaba que aquel hombre podía continuar sus fechorías con total impunidad; pero mi objetivo primordial en ese momento buscaba mi protección personal y la de mi hijo. Fue muy duro negociar toda aquella situación, incluso el solo hecho de pensar que debía regresar a Florida y encontrarme con él en el juzgado.



Cuando miro a mi hijo nunca le veo como el fruto de una violación. La vida ha sido generosa conmigo y con mi niño. Es inteligente y buen estudiante. Ahora está cursando Séptimo grado en la escuela. Sabe lo que sucedió y está enormemente agradecido de haber podido vivir. Algún día se hará mayor, se casará, tendrá hijos y nietos.

Él sabe que mucha gente piensa que si una persona ha sido concebida como resultado de una violación no merece vivir y debe ser abortada. Me ha dicho muchas veces cuán feliz está de que yo no lo hubiera hecho y lo contento que está de vivir. Mi hijo no ha hablado todavía con nadie sobre su historia personal. Estoy convencida que evita hacerlo para que nadie pueda burlarse de él.

Le he comentado que nuestro mundo puede ser un lugar frío y duro, pero que yo debía contar mi historia para que la gente sea consciente que esos bebés como él no merecen morir por el crimen de otra persona. Quiero promover el mensaje de que hay muchas mujeres que, como yo, aman a sus hijos concebidos en violación y que, como mi hijo también, merecen vivir y hacerlo sin avergonzarse.

¿Por qué hay gente que piensa que está bien arrebatar a esos niños inocentes su derecho a la vida? Es el momento de hablar alto y claro en defensa de esas criaturas que ningún mal han hecho y que merecen que su vida no les sea negada, nunca.


Durante muchos años me he sentido como la única mujer que ha sido violada y que ha educado sola a su bebé. No puedo describir la soledad que sentí entonces. Pero ahora, a través de Salvar El 1, he contactado con decenas de otras madres. Quiero que otras mujeres sepan que no están solas, que las apoyamos y las comprendemos.

BIO: Alisha Weiler trabaja en cuidados infantiles, es madre de dos niños y reside en Florida. Es bloguera de Salvar El 1 (Save The 1)

Sunday, December 17, 2017

¿Te imaginas saber desde muy pequeña que tres doctores trataron de matarte?



Rachel Mary Guy
Pro vida, sin excepciones.

No puedo recordar un momento de mi vida en el que no supiera mi historia, pero a medida que fui creciendo Dios comenzó a crear una inquietud en mi corazón que me impulsó a la acción.

¿Te imaginas saber desde muy pequeña que tres doctores trataron de matarte? Era difícil pensar  que alguien me hubiera querido matar pero me era aún más difícil saber que ellos eran médicos. Estaban en una posición de poder para insistir y presionar a mis padres para que terminaran con mi vida. De mi historia aprendí que los médicos tienen un gran poder no sólo para hacer el bien  sino también para causar un tremendo mal y, lamentablemente, existen médicos que sólo valoran algunas vidas y desprecian otras y que no creen que merezca la pena luchar por TODAS las vidas ya que no toda vida es digna...

Rachel Mary Guy en Uganda

A los 14 años, Dios me inspiró para escribir a los seis médicos involucrados en mi nacimiento. Escribí a tres de los médicos para agradecerles que lucharan por mi vida y escucharan las súplicas de mis padres. Y llena de un profundo perdón y compasión, escribí a los otros tres médicos que les sugirieron  que me abortaran. Les dije que los perdonaba y les hablé sobre el Evangelio y de cómo nuestro asombroso Salvador, Jesús, los ama apasionadamente y anhela que usen su poder para bien y no para mal.

Mientras miraba la cara de uno de los doctores que quiso acabar con mi vida en internet, lloré, porque está perdido y cree que el asesinato intencional de un bebé que va a nacer podría ser una "solución" para los padres de un niño enfermo.

Hasta el día de hoy, me desconcierta hasta qué punto ha llegado nuestra sociedad, donde las personas en posiciones de poder por ser médico pueden llegar a pensar que destruir vidas es salida para una vida inocente cuyo único crimen es su mal estado de salud.

En el ultrasonido de las 22 semanas de embarazo de mi madre, el técnico vio algo que no estaba bien y se lo notificó al médico. El médico entró, diciéndole frenéticamente a mi mamá que tenía que  abortar porque de lo contrario ella y yo moriríamos y que yo debía tener alguna anomalía cromosómica no compatible con la vida ya que a mi madre le faltaba la mitad del líquido amniótico. Mi madre dijo que nunca abortaría y que me amaba.

Mi madre (esta vez acompañada de mi padre) volvió a las 24 semanas y sucedió lo mismo, pero esta vez todo el líquido amniótico ya había desaparecido. Este mismo médico les dijo (una vez más) que tenían que abortarme porque tenía una anomalía cromosómica que no era compatible con la vida. Cuando mis padres rechazaron el aborto, fueron enviados a hablar con otro médico en la misma clínica. Mis padres me dijeron que este médico con toda la calma del mundo -lo que hizo que esta conversación fuera aún más escalofriante y molesta por la manera en que se hablaba con respecto a mi vida- les dijo que debían abortar porque su hijo no tendría "calidad de vida". A lo que mi madre respondió: "Nuestro hijo tendrá calidad de vida porque este bebé conocerá el amor incondicional de Dios". El médico continuó diciendo: "Bueno, tendrá muchos otros hijos". Mi madre dijo: "Incluso si tenemos otros 100 niños, nosotros queremos a éste. Este bebé es valioso ". La conversación duró unos 20 minutos más, hasta que mi padre dijo:"No abortaremos, entonces, ¿qué harás para ayudarnos?". El médico respondió: "En todos mis años de práctica, nadie en su posición no ha abortado, así que todo lo que puedo recomendarles es ir a casa y esperar a que su bebé muera y usted regrese y dé a luz a un niño muerto". Mis padres se fueron a casa con el corazón destrozado, no sólo porque estos doctores menospreciaron mi vida y me dieron por muerta, sino también por la idea de que a otros padres se les convenza de que deben abortar. Mis padres no se dieron por vencidos y querían luchar por mi vida, pero no sabían cómo.


Cuando mis padres llamaron a mi abuela, ella dijo estas palabras que cambiarían todo: "Si todavía hay latido en el corazón, entonces hay esperanza". Dios usó las palabras de mi abuela para darles esperanza a través de Jesús. Mi padre habló con una ginecóloga de la iglesia y le contó mi situación. Y como ella conocía al doctor de mi mamá dijo que lo llamaría. Pero ni siquiera podía creer la repugnante respuesta que obtuvo del doctor. El médico afirmó que la única prueba que haría para mis padres sería una autopsia. La doctora que conocieron en la iglesia nos puso en manos de dos médicos de otro hospital que dijeron que respetarían los deseos de mis padres de luchar por mi vida.

Mientras que mi madre y yo estábamos al cuidado de estos nuevos médicos, nos vieron a AMBAS como sus valiosas pacientes. Pusieron a mi madre en reposo absoluto en el hospital y nací por cesárea el primer día de mi semana 26. Los doctores advirtieron que no sabían si yo nacería viva, y que sería como sacar el hueso de un durazno debido a la falta de líquido amniótico y en caso de nacer viva, estaría demasiado enferma como para hacer ruido. El amable doctor que me trajo al mundo dijo que nací “graznando”. Nací a las 26 semanas y pesé 1 libra 2 onzas.

Estuve en la NICU 5 meses y medio y le agradezco a Dios que mis padres nunca se dieran por vencidos en la lucha por mi vida. No sabían si yo viviría, ¡Pero afrontaron cada día y lo dejaron todo en manos de Dios!

Dios ha usado mi historia para abrir los ojos a la realidad de que vivimos en un mundo que devalúa y deshumaniza algunas vidas y que dentro del campo médico, e incluso dentro de la comunidad provida, "algunas" vidas, como la mía, son considerada como una "excepción". Mi historia me ha llevado a ser una voz no sólo en un mundo que despoja a las personas de su humanidad, sino también dentro de la comunidad pro vida para combatir por la dignidad de bebés con "anomalías fetales, anormalidades cromosómicas, concebidos en violación o incesto,  embriones humanos destruidos de las FIV. Son seres humanos creados por Dios con el mismo valor intrínseco que cualquier otro niño. Cuando comenzamos a clasificar a los seres humanos en categorías de quién es valioso y quién no, ¿En qué nos  diferenciamos de las personas que en el pasado deshumanizaron a diferentes grupos de personas?

 Rachel y su madre

Desde que el mundo es mundo, ciertos grupos de personas han sido deshumanizados y despojados de su personalidad. ¿No es hora de que aprendamos de nuestra horrible historia y veamos nuestra humanidad a través de la lente de Dios? TODA vida es igualmente valiosa y todas somos personas, sanas o enfermas, sin importar cuán concebidas, hechas a la imagen de nuestro Dios y Salvador, Jesucristo. Nuestra opinión acerca de una persona no cambia su / nuestra humanidad. La sociedad NO define nuestro valor. Dios sí lo hace. Si pudiéramos comprender esa verdad, ninguna vida sería marginada, considerada desechable y deshumanizada. Debemos fomentar  leyes que protejan TODA la vida desde la fecundación hasta la muerte natural porque el hombre en su humanidad, como hemos visto históricamente, quiere redefinir lo que Dios ya ha definido. Nuestras leyes deben proteger a TODAS LAS PERSONAS y reconocer la dignidad inherente de toda la vida.

¡Toda la vida es valiosa! La sociedad ve la capacidad de una persona como lo que le da "valor", pero nunca reconoce que TODA la vida es innatamente valiosa porque TODOS somos creados por Dios.


Sunday, December 10, 2017

Él es mi bebé, el hijo de una víctima de violación y mi pequeño héroe


Por Kelly Dautel
traducción Gaby A. García

La frase que viene a continuación me molesta y enoja:  “Soy pro-vida, excepto en casos de violación”. No puedo soportarlo y, al mismo tiempo, tampoco la típica respuesta: “Todavía es un bebé...”.  Para que me comprendan, voy a extenderme un poco en este punto.


Me gusta la serie “Doctor Who”. He visto los capítulos completamente en desorden y varios episodios varias veces, simplemente porque me gusta.  Uno de ésos es “The Long Game”  (El Juego Largo) y en ese episodio el “Editor” ha mantenido eficazmente a toda la población humana como esclavos anulando su voluntad y demuestra que fue muy fácil: “Solamente es cosa de énfasis.   La palabra correcta, difundida en la forma correcta y repetida las veces suficientes, puede desestabilizar una economía, inventar un enemigo y cambiar un voto”.  Ésta es la razón por la que el término, “Hijo de un Violador”, existe.

Todos conocemos los diversos argumentos del aborto, tanto a favor como en contra y éste no es el debate al que me refiero hoy.  Mi enfoque está en las víctimas de violación.  Ahora, el argumento que a menudo se esgrime es: “Ellas deberían escoger si desean o no estar embarazadas del hijo de un violador”. ¿Lo han  escuchado? Independientemente del significado que tengan las palabras, el uso  en sí mismo de esa frase: “El hijo de un violador” desvirtúa el significado.

La violación es un acto horrible en contra de otra persona y cuando una mujer resulta embarazada, muchas suposiciones entran en  escena, muchas de ellas crueles y dolorosas.  Primero, tengamos un panorama completo de lo que se dice de las mujeres embarazadas víctimas de violación:  “Una mujer no debería ser obligada a estar embarazada de un hijo al que no quiere.  Ella no pidió ser violada.   Ella no debería ser victimizada teniendo que pasar un embarazo con el hijo de un violador o teniendo que criar el recuerdo de su propia violación.  Necesitamos pensar en la mujer y su estado mental.  Sería muy difícil para ella criar a ese niño por su cuenta y tener que pasar por los nueve meses de gestación y el parto para traer al mundo algo de lo que no puede hacerse cargo o que le costaría mucho dolor, es horrible”.


Esto es algo que escucho todo el tiempo y suena creíble.  Muchas personas están de acuerdo y es fácil pensar: ¿Quién no lo haría? ¿Por qué causarle a una mujer un dolor tan grande? Bien, veamos la verdad. El fundamento se encuentra en la idea de que el hijo de un violador no es un descendiente que cuente de entrada con una bendición.  Pero estamos olvidando algo;  ese niño tiene dos padres, genéticamente hablando, la mujer que fue violada, es ahora una madre.  Estamos hablando del hijo de una víctima de violación, pero hacemos que suene bien la idea de matarlo porque es el hijo de un violador—según su ADN.

Al mismo tiempo, estamos quitándole importancia a la víctima de violación –ella no puede ser  madre.  Tenemos claro que ahora ella se encuentra dañada por la violación, que no se encuentra mentalmente estable y no tiene la capacidad de cuidarse a sí misma o de cuidar a un hijo. Ella, simplemente, no puede; y eso es total y completamente una gran mentira.

No es cuestión de decisión, es cuestión de percepción.  Le estás diciendo a una mujer  que porque alguien la violó ella no puede ser  madre.  Que porque alguien la violó no puede buscar terapia y que ahora debe aislarse y pretender que nada pasó; que porque alguien la violó ella debe olvidarlo y además ella no puede seguir adelante.  Esto no es para nada saludable.

Yo que soy una víctima de violación, te digo que una mujer embarazada víctima de violación necesita ser motivada, necesita buscar ayuda para su depresión, ansiedad y posiblemente, para afrontar el síndrome post traumático. En lugar de ignorar lo ocurrido. Ella necesita aprender a aceptarlo, denunciarlo, comprender que lo ocurrido no la define y que puede vivir su vida sin miedo.

Yo digo esto por una simple razón: Yo fui violada. Viví una vida de abusos y traumas horribles, demasiado para poder explicarlo aquí.  Me lastimaron siendo una pequeña niña, sin manera de protegerme a mí misma y sin el deseo de hacerlo. Fui abusada la primera vez a la edad de seis años y siguió durante años por parte de mi padre, mi hermano y un amigo de mi padre, un novio en la secundaria y extraños.  Adicionalmente, me encontraba en una relación de pareja violenta que originó que necesitase una cirugía para colocar mi ojo en una nueva órbita y precisó que tuvieran que injertarlo dentro de mi cráneo porque el mío se encontraba tan dañado que ni siquiera podía repararse.

Para hacer más corta la historia, después de todas las veces en las que fui violada, después de todos los años de abuso, me encontraba sentada en la camilla de un hospital y me dijeron que estaba embarazada.  No tenía un trabajo formal, no tenía un carro; ni siquiera tenía licencia de conducir.  Era anoréxica, había días en los que estaba sin comer o solamente hacía una  comida.  Me encontraba en proceso de recuperación de autolesionarme (cortarme) y tenía pensamientos suicidas.   No tenía mi propia casa ni nada.  Traté de estudiar en la universidad, pero no podía  obtener ayuda financiera porque era menor de edad y tenían que hacer un estudio financiero de mi padre a pesar de que no vivía con él y que no me ayudaba económicamente en nada.  No podía cuidarme a mí misma, no quería cuidarme; solamente quería que mi dolor terminara y deseaba morir, pero era tan cobarde como para tomar la decisión de suicidarme y ahora estaba embarazada.

En este punto comencé a escuchar las dos diferentes historias sobre mí y mi hijo que aún no había nacido. La más fuerte era que yo estaba destruida, que no valía la pena, que no podía criar a este hijo y que iba a destruirme y que era mi decisión y que sería lo mejor para mí matar a mi bebé.

La otra versión que escuché fue que yo era valiosa,  que yo no merecía lo que me ocurrió y que podía hacer lo que me propusiera y que si en eso planes se encontraba ser madre, entonces, SÍ; YO PODÍA.  Escuché estas palabras de boca de mi predicador, de mi doctor, de mi terapista y de parte de algunos amigos y familia.  Mientras que el mundo gritaba que yo era un desastre y que este bebé sería una carga, aquellos en quienes más confiaba decían que yo podía y que este bebé era una bendición.

Simplemente, veía a mi hijo como “mi hijo”.  Fui a la Universidad por mi hijo. Empecé  a comer correctamente y a seguir los consejos de un nutricionista por mi hijo.  Denuncié y le di seguimiento con el Abogado de Distrito a los cargos presentados contra mi violador, por mi hijo. Estuve en terapia, en escuela padres y trabajé muy duro para ser una mejor persona, por mi hijo. Yo no decidí salvar del aborto la vida de mi hijo –mi hijo salvó mi vida-.  Porque cuando me dijeron años atrás que estaba embarazada en aquella habitación, me dijeron que estaba embarazada de mi hijo.


Las palabras son tan fuertes y mi hijo no es el hijo de un violador.  Él es mi bebé, el hijo de una víctima de violación y mi pequeño héroe.  Mi hijo me ha mostrado lo que el amor incondicional es, lo que la familia debe ser y lo que se siente cuando alguien te dice: “Te amo” y lo dice con el corazón y sin condiciones y aún más, lo que se experimenta cuando eres tú quien dice “te amo” y saber que podría caminar sobre vidrios rotos por él.  Por mi hijo.

Publico ésto y animo a todos los que lo lean a dejar de darle fuerza al enemigo y dejar de llamar a estos niños preciosos lo que no son y llamarles como se debe: víctima conjunta de un crimen, no casos de violación.   Llámenlos los hijos de víctimas de violación, no los hijos de violadores.  Díganle a la víctima de violación que ella puede, que ella tiene un valor incalculable y que puede superar cualquier cosa.  El dolor, la culpa; las noches sin dormir, puede que no desaparezcan completamente pero si pueden disminuir.  De la misma forma que yo,  estas mujeres pasarán por esto.  Ellas estarán mejor, ellas pueden cuidarse a sí mismas y ser una buena madre.  ¡Díganle a una mujer que ella puede criar a su propio hijo!

Biografía:  Kelly Dautel, vive en South Carolina (Carolina del Sur) junto a su esposo Steven, tres hijos y un precioso hijo que se encuentra en el cielo, a quien perdió durante el embarazo.  Kelly es bloguera de Save The 1.